Blog

Análisis de la oración simple

Primeros pasos para analizar sintácticamente una oración

El jefe de la oración es el verbo, eso deberíamos tenerlo claro, ¿verdad? Es más, si no hay verbo, no hay oración.

Entonces, para analizar sintácticamente, lo primero que tenemos que hacer es buscar el verbo, que es el jefe, y luego buscaremos su sujeto, que ya sabemos hacerlo, ¿o no?

El siguiente paso es marcar el predicado, que está formado por el verbo y sus complementos, ¡vaya!, el capitán y el resto del equipo.

Dentro del predicado, debemos tener cuidado de diferenciar bien cada sintagma, (o grupo o frase, es lo mismo), es decir, cada conjunto de palabras que realizan una única función. Yo veo los sintagmas como ladrillos o piezas de Lego, que podemos separar, mover y cambiar de sitio.  

Y ahora viene la gran pregunta, ¿qué puedo encontrarme en el predicado?, ¿cuáles son los complementos del verbo?

Lo pongo en una tabla.

La sintaxis es como una investigación, debemos convertirnos en policía científica para descubrir quién es quién mediante pruebas. Y solo así, ciñéndonos a estas pruebas, descubriremos quién es el complemento directo, indirecto, complemento de régimen… y el asesino, claro.

La guerra de las faltas

Aunque soy una persona pacífica y estoy firmemente convencida de que nunca hay que escoger el camino de la violencia, este trimestre estoy en guerra, ¡en guerra con las faltas de ortografía!

Tanque para la guerra de las faltas

Tanto los padres como los profesores estamos preocupados por la cantidad de faltas que vemos. Son tiempos difíciles, vivimos rápido y escribimos rápido, así llenamos nuestros wasaps de errores y abreviaturas locas. De este modo, aunque no queramos, transmitimos la idea de que da igual escribir que o k.  

Así que este trimestre, en 1º de la ESO, he cogido mis armas, he planeado mi estrategia y… ¡al ataque!, ¡he declarado la guerra!

Todas las semanas pongo de fondo de pantalla en mi ordenador unas oraciones que contengan las palabras que quiero trabajar. Así, cada vez que conecto el portátil a la pizarra digital, mis soldados ven esas palabras difíciles, (que también cuelgo en el aula virtual).

Bomba de la semana

A lo largo de la semana, entonces, los estudiantes crearán oraciones con esas palabras y me las enviarán por mensaje. Si son correctas, ¡genial!, y si no lo son me las enviarán de nuevo corregidas.

Es una idea sencilla, lo sé, pero creo que a veces son las que mejor funcionan. De este modo, trabajamos la ortografía de manera transversal, no solo en ejercicios específicos, (que también son necesarios y se harán).

También estoy viendo que mandar la actividad por mensaje en el aula virtual, hace que resulte más actual, más cercano a los estudiantes y que les dé menos pereza, ¡es como wasapear con la profe!

Además, todos nos estamos divirtiendo mucho con la metáfora de la guerra. Por ejemplo, si hay algún error, la bomba no explota y hay que volver a lanzarla, y si todas las palabras son correctas es un bombazo, (no sé, me están dando ganas de conseguir un casco para ir al colegio…).

Y por supuesto, habrá recompensas para aumentar la moral de mis tropas . Aquellos valientes que lancen todas las bombas recibirán una medalla al valor y el premio de no ser penalizados en el examen si se les escapa alguna falta, (esta idea ha gustado mucho en clase, os lo podéis imaginar).

En fin, os dejo, porque estoy en guerra y tengo que preparar la bomba que lanzaré esta semana.

El verbo (2ª parte)

Los cuatro pasados más utilizados

¿Os acordáis de los cuatro fantásticos, verdad?

Pues aquí vamos a ver los cuatro pasados más utilizados, es decir, los cuatro pretéritos fantásticos del indicativo.

Los cuatro pretéritos fantásticos del indicativo

Acordaos de que siempre debemos ver los verbos en orden y por parejas, recordad la tabla, los simples en la columna de la izquierda y los compuestos en la columna de la derecha.

1.Así, el primero sería el pretérito imperfecto, (o copretérito). Lo utilizamos para acciones que se desarrollaron durante un tiempo en el pasado, y no marcamos su final.

Antes comía mucha carne, aunque ahora como más verdura.

Hace años jugaba al tenis, pero últimamente voy más a la piscina.

Ya veis que el pretérito imperfecto queda bien con expresiones como antes o hace años.

2. El siguiente pasado es el pretérito perfecto simple, (o pretérito). Se emplea para una acción acabada, y situada en un momento concreto, exacto. Por ejemplo:

El autobús llegó ayer a las 7.30.

La película empezó con retraso, a las 20.15.

Este pretérito suele utilizarse con expresiones que indican un tiempo exacto, muy concreto.

Ahora damos el salto a la columna de la derecha, a los tiempos compuestos.

3. El primero es el pretérito perfecto compuesto, (o antepresente). Si os fijáis, es la pareja del presente, y se relaciona con este. Así, lo empleamos para acciones situadas en un pasado reciente, es decir, en un tiempo pasado pero que guarda relación con la actualidad.

Esta mañana te he llamado, pero tenías el teléfono apagado.

He acabado el examen hace un rato.

4. Y el último de los cuatro pretéritos fantásticos es el pretérito pluscuamperfecto, (también llamado antecopretérito), que es la pareja del pretérito imperfecto. Este indica un pasado, anterior a otro pasado.

Cuando llegué a la estación, el autobús ya había salido.

Es decir, las dos acciones, (llegar y salir), se sitúan en el pasado, pero una es anterior a la otra, y por eso perdí el autobús, claro.

Resumiendo, no todos los pasados son iguales, y podemos utilizar esas pequeñas diferencias como trucos para estudiarlos. Lo veis en el siguiente esquema.

Pretérito imperfecto, pretérito perfecto simple, pretérito perfecto compuesto y pretérito pluscuamperfecto

En conclusión, para controlar los verbos hay que memorizar, pero también razonar. Y seguro que ya no creéis aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, ¿verdad?

El verbo

¿Cómo empiezo a estudiarlo?

Podemos definir el verbo como una palabra que expresa acciones, procesos o estados que se desarrollan en un tiempo, (presente, pasado o futuro). También podemos afirmar que estudiar los verbos es una pesadilla para todos los estudiantes de español, sean nativos, o sean hablantes de otras lenguas.

Futurama

Es evidente que controlar todas las personas y tiempos del castellano es complicado, y que su aprendizaje requiere tiempo y esfuerzo. Pero también está claro que los hablantes nativos de español utilizan los verbos a diario, así que, en realidad, los saben. Entonces, ¿por qué les resultan tan difíciles?

En mi opinión, la dificultad radica en los nombres de los verbos, ni más ni menos. Así, los estudiantes se marean ya al escuchar pretérito pluscuamperfecto, o pretérito perfecto simple, (y no me extraña). Además, conviven varias terminologías, porque unos hablan de pretérito imperfecto y otros de copretérito.  ¿Es de locos, verdad?

Aquí intentaré daros unos sencillos pasos, un método, para aprender los verbos de una vez por todas.

Primer paso: hay tiempos simples y tiempos compuestos. Los simples están formados por un único verbo, (bailaba, comeré, vivo) y los compuestos por dos verbos, el auxiliar, que siempre es el verbo haber, más el participio del verbo, (había bailado, habré comido, he vivido).

Segundo paso: debemos ver los verbos en parejas, es decir, el  simple al lado de su compuesto. De este modo, la pareja del presente es el pretérito perfecto compuesto, (porque este último se forma con el presente del verbo haber). La pareja del pretérito imperfecto es el pretérito pluscuamperfecto, (porque este se forma con el pretérito imperfecto del verbo haber…), y así, sucesivamente.

Tiempo simple y tiempo compuesto

¿Ya os estáis tirando de los pelos, mis aprendices? Espero que no. Os pongo una tabla, a ver si resulta más fácil. Eso sí, ignorad la terminología que no uséis.

Tabla con todos los tiempos simples y compuestos.

Así que la primera tarea, mis aprendices, es memorizar los nombres de los verbos. Os recomiendo que lo hagáis en orden y por parejas, como en la tabla, porque os va a resultar más fácil.

Usad la memoria visual. Y fijaos que va primero el presente, luego los pasados, (porque pretérito es lo mismo que pasado), después el futuro y finalmente el condicional.

En fin, que la fuerza os acompañe, jedis de la gramática, os hará falta.

Clasificación del sustantivo

Según su significado

El orden es importante en una casa, porque si cada cosa está en su sitio, no perdemos nada, ¿todos estaríamos de acuerdo en esto, verdad?

Ya hemos visto en otra entrada que las categorías gramaticales son como cajones o armarios en los que guardar palabras, y que no es buena idea guardar las camisas en el cajón de las cucharas, más que nada porque se arrugarían muchísimo y porque es muy difícil comer la sopa con camisa o vestirse con una cuchara. Igualmente, no debemos confundir un sustantivo con un adjetivo o un verbo.

Hoy nos vamos a ocupar del sustantivo, (o nombre), que es una palabra que designa seres, lugares, objetos, lugares o sentimientos. Y volviendo a la comparación, aquí veremos qué hay dentro del armario donde guardamos los sustantivos.

Armario de los sustantivos

Así, podemos clasificarlos en cuatro tipos según su  significado:

Comunes o propios.

Concretos o abstractos.

Individuales o colectivos.

Contables o incontables.

1.Los sustantivos propios señalan un ser entre todos los demás de su clase, y van en mayúsculas. Por ejemplo, Juan o Ana, (que son antropónimos); Lugo, Cáceres, (que son topónimos); Amazonas, Pirineos… Los sustantivos comunes son todos los demás, aquellos que no individualizan. Por ejemplo, chico, mesa o río.

2.Los nombres concretos pueden percibirse por los sentidos, los vemos, los tocamos, olemos… Por ejemplo, libro, montaña o ciudad. Los abstractos, en cambio, designan conceptos o ideas que no se perciben por los sentidos. Son abstractos la amistad, la paz, la alegría, por ejemplo.

3.Los sustantivos individuales designan realidades simples, en cambio los colectivos siempre representan conjuntos, aunque estén en singular. Son nombres colectivos, por ejemplo, orquesta, (formada por músicos), rebaño, (por animales), pinar, (por pinos).

4.Los sustantivos contables, como su nombre indica, pueden contarse, yo puedo comerme una galleta, dos o tres. Y los incontables no pueden contarse, por ejemplo, harina, arena, niebla. Así, si queremos cuantificarlos tenemos que utilizar otros recursos, podemos hablar de un kilo de harina, un saco de arena, un banco de niebla, pero de ninguna manera diríamos tres harinas* o cuatro arenas* o dos nieblas*.

En fin, mis aprendices, es importante que el armario de los sustantivos esté ordenado. Y para organizarlo mejor os voy a regalar cuatro perchas.

Esquema perchas

Si continúas usando este sitio, aceptas el uso de cookies. Más información

Los ajustes de cookies en esta web están configurados para «permitir las cookies» y ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues usando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar», estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar