¿Aprender sin esfuerzo?

La publicidad nos promete, entre otras muchas cosas, aprender sin esfuerzo. Pero lo siento, yo no me lo creo, y es más, pienso que esta idea puede hacer mucho daño.

El esfuerzo es fundamental para cualquier aprendizaje y nada se logra sin él. Porque la mejora en cualquier actividad se consigue solo con tiempo, práctica y ganas, es decir, con esfuerzo.

Por ejemplo, a la mayoría de mis alumnos les gustan los videojuegos y pasan gran parte de su tiempo libre jugando. Estoy segura de que para ser bueno en Call of Duty o Minecraft, por ejemplo, hay que poner empeño, que no se consigue sin dedicarle atención y voluntad.

Lo mismo pasa con el deporte, es evidente que hay que entrenar y sacrificarse para ser ciclista, futbolista… incluso a nivel aficionado o piltrafilla.  Yo lo he vivido en el gimnasio, en las primeras clases de step o zumba, en las que hay que seguir una coreografía y se necesita coordinación, todos vamos como patos borrachos moviéndonos a la contra del grupo y sin saber qué hacer con las manos y los pies. Pero con un poco de constancia, después de un tiempo, se sigue la clase y se disfruta muchísimo.

Ejemplo pato desorientado

Porque no hay fórmulas mágicas para conseguir metas rápidamente y sin trabajo. Solo la paciencia, la motivación y el gusto por el esfuerzo ayudan a conseguirlas. Así, creo que la clave para aprender es amar el proceso de aprendizaje. Tal vez sea un poco radical, y en algunos casos difícil de conseguir, pero hay que intentarlo. Estoy segura de que en cualquier materia, si la miramos con un poco de cariño, podemos ver algo que nos agrade.  

Así que con esfuerzo, un poco de concentración, paciencia y ganas, casi siempre se consigue el resultado esperado. Y si no se logra, por lo menos queda la satisfacción de haberlo peleado.

Pero esta idea no está de moda, la publicidad intenta convencernos de que todo es fácil, rápido y sin esfuerzo. Y si nos lo creemos, vamos de cabeza a la frustración y a la infelicidad, porque no es cierto.

Qué interrogativo

Seguimos con la saga del QUE, porque estoy segura de que lo estabais esperando con más ansia que un estreno de Star Wars o de Guardianes de la galaxia.

Ejemplo que interrogativo

Y si necesitáis recordar los episodios anteriores, pinchad en «previously on…»

Qué interrogativo aparece, lógicamente, en oraciones interrogativas directas, que llevan signos de interrogación. Por ejemplo:

¿Qué película verás el fin de semana? Es un DETERMINANTE INTERROGATIVO. Sabemos que es un determinante porque acompaña y modifica al sustantivo película, (que va justo después).

¿Qué te dijo María ayer? Es un PRONOMBRE INTERROGATIVO, sustituye a un nombre, no lo acompaña.

Qué interrogativo también puede aparecer en interrogativas indirectas. Estas son preguntas, pero camufladas, porque no llevan los signos de interrogación. Pero las reconoceréis porque siempre llevan un verbo como preguntar, saber, imaginar. Por ejemplo:

Me pregunto qué libro será más interesante. DETERMINANTE INTERROGATIVO.

No sé qué pasó ayer. PRONOMBRE INTERROGATIVO.

Ahora bien, aprendices de gramática, reconocer la función de QUÉ interrogativo es complicadillo, porque puede realizar varias. Aunque las más frecuentes sean SUJETO o CD. Por ejemplo:

¿Qué dijeron los médicos? QUÉ es CD.

¿Qué pasó allí? QUÉ  es SUJETO

¿A qué estás jugando? A QUÉ es un COMPLEMENTO DE RÉGIMEN O SUPLEMENTO, y QUÉ es su término.

Me preguntaron qué clase estaba libre. QUÉ CLASE es el SUJETO, entonces QUÉ es un DETERMINANTE dentro del SUJETO.  

Como podéis ver, hay que practicar mucho para dominar la magia de la sintaxis.

En resumen, en las oraciones interrogativas, (directas o indirectas), puede aparecer un pronombre interrogativo o un determinante interrogativo QUÉ. Lo reconoceremos por el acento.

¿Cómo formamos palabras nuevas?

La derivación, la composición y la parasíntesis.

Las lenguas, como las personas, crecen o cambian. E igual que nosotros necesitamos ropa nueva de vez en cuando, las lenguas también necesitan palabras nuevas. ¿Y cómo las consiguen?

Las 3 formas más importantes de crear palabras nuevas son la derivación, la composición y la parasíntesis.

1.Derivación: consiste en añadir prefijos, sufijos, (o ambos), a un lexema. Así, conseguimos una palabra derivada. Por ejemplo, libr/ería.

2.Composición: este mecanismo se basa en unir varios lexemas. Por ejemplo, tela/raña, que es una palabra compuesta.  

3.Parasíntesis: este es el procedimiento más lioso. Se considera una mezcla de los dos anteriores, es decir, tiene parte de derivación y parte de composición.

Así, son parasintéticas las palabras formadas por dos lexemas y un sufijo. Por ejemplo, para/caid/ista.

También son parasintéticas las palabras en las que hay un prefijo y un sufijo, que se han añadido al mismo tiempo, es decir, que no son independientes. De este modo, si suprimimos solo uno, la palabra resultante no existe. Por ejemplo, el adjetivo a/niñ/ado es parasintético, porque no existe aniño ni niñado.

En resumen, los procedimientos de creación de palabras más importantes son la derivación, la composición y la parasíntesis, que forman palabras derivadas, compuestas y parasintéticas.

Y para terminar os diré, mis aprendices, que con esto no hemos acabado, porque hay más procedimientos, pero eso lo veremos en otra entrada.

Tipos de homónimos

Seguro que ya sabéis lo que son los homónimos, así que ahora veremos sus clases: homófonos y homógrafos

Los homónimos homógrafos son aquellos que se escriben igual, ya lo indica el sufijo –grafos, (que significa escritura).

Por ejemplo, banda, que puede ser una cinta, como la que lleva siempre el alcalde de los Simpson sobre el pecho. O puede ser un conjunto de personas que se agrupan con un fin, como una banda de música o una banda armada.

Ejemplo homónimos homógrafos

Si os fijáis estos homógrafos también se pronuncian igual. Esto nos lleva al segundo tipo de homónimos.

Los homónimos homófonos son aquellos que tienen la misma pronunciación. Ya nos da una pista el sufijo –fonos, (que significa sonido).

Por ejemplo, la vaca, es un mamífero rumiante, mientras que la baca es un soporte que se pone al coche para transportar algo.  

Y voy a acabar con un trabalenguas para dejaros pensando: en español los homónimos homógrafos son también homófonos, mientras que los homónimos homófonos pueden ser homógrafos o no.  

Busca el sujeto

Encontrar el sujeto de una oración parece fácil, pero no siempre es así. En sintaxis, igual que en la vida, las apariencias engañan.

Lo primero que debéis tener en cuenta es que el sujeto nunca, nunca, nunca, lleva preposición. Así que ningún sintagma preposicional puede ser sujeto.

El segundo paso es buscar al sospechoso de ser el sujeto, (porque la sintaxis tiene mucho de investigación, debéis convertiros en detectives).

Ejemplo prueba sujeto

Y hacerle la prueba del sujeto, la superprueba, la que nunca falla, la prueba de la concordancia: cambiar de número al sospechoso de sujeto, solo a él, y comprobar si la oración tiene sentido. Por ejemplo:

Nunca llega puntual ese autobús.

Sospecho que ESE AUTOBÚS puede ser sujeto, así que lo cambio a plural, sin cambiar nada más:

Nunca llega puntual esos autobuses.

Como la oración no tiene sentido, es incorrecta, deducimos que ese autobús es el sujeto. Porque cuando el sujeto cambia de número, el verbo debe cambiar con él:

Nunca llegan puntuales esos autobuses.

Otro ejemplo:

Mañana tendrán aquí los libros.

Nuestro sospechoso de sujeto, ahora, son LOS LIBROS. Hago la prueba:

Mañana tendrán aquí el libro.

Esta oración tiene sentido, es perfectamente correcta,así que nuestro sospechoso no es sujeto, es inocente de este cargo, (será CD, seguro que ya os habéis dado cuenta).

En resumen, para descubrir el sujeto haz la prueba de la concordancia, cambia de número al sospechoso de sujeto. Si al cambiarlo, la oración pierde totalmente su sentido, ahí tienes tu sujeto.

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