El verbo

¿Cómo empiezo a estudiarlo?

Podemos definir el verbo como una palabra que expresa acciones, procesos o estados que se desarrollan en un tiempo, (presente, pasado o futuro). También podemos afirmar que estudiar los verbos es una pesadilla para todos los estudiantes de español, sean nativos, o sean hablantes de otras lenguas.

Futurama

Es evidente que controlar todas las personas y tiempos del castellano es complicado, y que su aprendizaje requiere tiempo y esfuerzo. Pero también está claro que los hablantes nativos de español utilizan los verbos a diario, así que, en realidad, los saben. Entonces, ¿por qué les resultan tan difíciles?

En mi opinión, la dificultad radica en los nombres de los verbos, ni más ni menos. Así, los estudiantes se marean ya al escuchar pretérito pluscuamperfecto, o pretérito perfecto simple, (y no me extraña). Además, conviven varias terminologías, porque unos hablan de pretérito imperfecto y otros de copretérito.  ¿Es de locos, verdad?

Aquí intentaré daros unos sencillos pasos, un método, para aprender los verbos de una vez por todas.

Primer paso: hay tiempos simples y tiempos compuestos. Los simples están formados por un único verbo, (bailaba, comeré, vivo) y los compuestos por dos verbos, el auxiliar, que siempre es el verbo haber, más el participio del verbo, (había bailado, habré comido, he vivido).

Segundo paso: debemos ver los verbos en parejas, es decir, el  simple al lado de su compuesto. De este modo, la pareja del presente es el pretérito perfecto compuesto, (porque este último se forma con el presente del verbo haber). La pareja del pretérito imperfecto es el pretérito pluscuamperfecto, (porque este se forma con el pretérito imperfecto del verbo haber…), y así, sucesivamente.

Tiempo simple y tiempo compuesto

¿Ya os estáis tirando de los pelos, mis aprendices? Espero que no. Os pongo una tabla, a ver si resulta más fácil. Eso sí, ignorad la terminología que no uséis.

Tabla con todos los tiempos simples y compuestos.

Así que la primera tarea, mis aprendices, es memorizar los nombres de los verbos. Os recomiendo que lo hagáis en orden y por parejas, como en la tabla, porque os va a resultar más fácil.

Usad la memoria visual. Y fijaos que va primero el presente, luego los pasados, (porque pretérito es lo mismo que pasado), después el futuro y finalmente el condicional.

En fin, que la fuerza os acompañe, jedis de la gramática, os hará falta.

Clasificación del sustantivo

Según su significado

El orden es importante en una casa, porque si cada cosa está en su sitio, no perdemos nada, ¿todos estaríamos de acuerdo en esto, verdad?

Ya hemos visto en otra entrada que las categorías gramaticales son como cajones o armarios en los que guardar palabras, y que no es buena idea guardar las camisas en el cajón de las cucharas, más que nada porque se arrugarían muchísimo y porque es muy difícil comer la sopa con camisa o vestirse con una cuchara. Igualmente, no debemos confundir un sustantivo con un adjetivo o un verbo.

Hoy nos vamos a ocupar del sustantivo, (o nombre), que es una palabra que designa seres, lugares, objetos, lugares o sentimientos. Y volviendo a la comparación, aquí veremos qué hay dentro del armario donde guardamos los sustantivos.

Armario de los sustantivos

Así, podemos clasificarlos en cuatro tipos según su  significado:

Comunes o propios.

Concretos o abstractos.

Individuales o colectivos.

Contables o incontables.

1.Los sustantivos propios señalan un ser entre todos los demás de su clase, y van en mayúsculas. Por ejemplo, Juan o Ana, (que son antropónimos); Lugo, Cáceres, (que son topónimos); Amazonas, Pirineos… Los sustantivos comunes son todos los demás, aquellos que no individualizan. Por ejemplo, chico, mesa o río.

2.Los nombres concretos pueden percibirse por los sentidos, los vemos, los tocamos, olemos… Por ejemplo, libro, montaña o ciudad. Los abstractos, en cambio, designan conceptos o ideas que no se perciben por los sentidos. Son abstractos la amistad, la paz, la alegría, por ejemplo.

3.Los sustantivos individuales designan realidades simples, en cambio los colectivos siempre representan conjuntos, aunque estén en singular. Son nombres colectivos, por ejemplo, orquesta, (formada por músicos), rebaño, (por animales), pinar, (por pinos).

4.Los sustantivos contables, como su nombre indica, pueden contarse, yo puedo comerme una galleta, dos o tres. Y los incontables no pueden contarse, por ejemplo, harina, arena, niebla. Así, si queremos cuantificarlos tenemos que utilizar otros recursos, podemos hablar de un kilo de harina, un saco de arena, un banco de niebla, pero de ninguna manera diríamos tres harinas* o cuatro arenas* o dos nieblas*.

En fin, mis aprendices, es importante que el armario de los sustantivos esté ordenado. Y para organizarlo mejor os voy a regalar cuatro perchas.

Esquema perchas

Dos complementos indirectos

En los días muy soleados, y sobre todo al mediodía, me pongo gafas de sol y sombrero. Quizás podría arreglarme solo con las gafas o solo con el sombrero… Pero me pongo las dos cosas para estar más protegida, (y dar un toque de glamur, claro).

Chica con sombrero y gafas de sol

Con los complementos indirectos pasa lo mismo, podemos poner dos, un sintagma nominal y un pronombre personal átono que lo refuerza. Y hay que tener en cuenta que ambos tienen el mismo referente, es decir, señalan lo mismo, por lo que tienen que concordar, (los dos en plural o los dos en singular).

Les llevaremos bombones a nuestros amigos

¿Y a dónde quiero llegar con esto? Este barco, mis aprendices, tiene dos objetivos, (y sigo con las metáforas, que me encantan). Por un lado,  me dirijo al  puerto llamado hacer bien el análisis sintáctico, y por otro al destino hablar correctamente.

Puntualizo esto porque es muy frecuente encontrar oraciones de este tipo, que son totalmente incorrectas:

Le llevaremos bombones a nuestros amigos.

Así que tened cuidado con el sol y con el pronombre que acompaña al complemento indirecto, que tiene que concordar con él.

Préstamo, extranjerismo y calco

¿Y qué hacemos cuando necesitamos una palabra nueva? Como no existen los supermercados de palabras, (aunque estaría genial, me encantaría tener uno), podemos  pedirla prestada o crearla, como ya hemos visto.

Supermercado de palabras

Así, los préstamos son palabras que una lengua toma de otra. Algunos son muy antiguos, los encontramos a partir del siglo V, son los préstamos históricos como aceite, que se toma del árabe, o guerra, que es de origen germano. Si quieres conocer otros ejemplos pincha aquí.

Y desde entonces no hemos parado de pedir palabras.

Los préstamos suelen adaptarse a la lengua que los recibe para que resulten más fáciles de pronunciar y escribir. Por ejemplo, mitin, que procede del inglés meeting, o fútbol, de football.

Pero otras veces los prestamos no se adaptan, y se mantienen igual o casi igual que en la lengua original, en este caso los llamamos extranjerismos, por ejemplo, gourmet o boutique. Y deben escribirse en cursiva o entre comillas.

En otras ocasiones, solo tomamos el significado, y no el significante, es decir, traducimos la palabra, son los calcos. Por ejemplo, ciencia ficción es el calco de science fiction.

Y me dejo para el final una opinión y una pregunta al hilo de este tema.

En mi opinión, los préstamos enriquecen el idioma, pero no tiene sentido adoptar a lo loco palabras de otras lenguas solo porque nos suenen más modernas o más elegantes.

Y ¿os habéis dado cuenta de que se llaman préstamos, pero deberían llamarse donaciones?, porque nunca devolvemos estas palabras a su idioma original, ¡nos las quedamos!

Funciones del lenguaje

Cuando vamos a una tienda a comprar un electrodoméstico normalmente tenemos claro para qué lo queremos, es decir, qué podremos hacer con ese aparato. Así, por ejemplo, si quiero una impresora, puedo buscarla multifunción y utilizarla para imprimir, escanear y fotocopiar.

Imagen de impresora

De igual manera, el lenguaje verbal también es multifunción, es decir, lo utilizamos para varias cosas. Os explico cuáles son y pongo ejemplos:

1.Función expresiva: utilizamos el lenguaje para expresar los sentimientos del emisor. Por ejemplo, me encuentro a un amigo y le digo: “Hoy estoy agotada”.

2.Función apelativa: en esta se busca que el receptor del mensaje haga algo. Por ejemplo, en una comida le digo a la persona de al lado: “Me echas un poco de agua, por favor”.

3.Función representativa: el lenguaje da información sobre la situación. Por ejemplo, si alguien me para por la calle y me pregunta qué hora es, veríamos función representativa en mi respuesta: “Son las 6”.

4.Función fática: en esta función el lenguaje se utiliza para comprobar que el canal está bien, que la comunicación se está llevando a cabo. Es muy habitual en las conversaciones al teléfono, o en videollamadas: “sí, sí, ¿me oyes?”

5.Función metalingüística: el lenguaje se emplea para explicar algo del propio lenguaje, que es el código empleado. Esta función predomina en gramáticas, en clase, en los exámenes de lengua… por ejemplo: “comer es un verbo regular”.

6.Función poética: A veces, se utiliza el lenguaje para llamar la atención, es decir, con las palabras buscamos destacar la forma del mensaje. Esto es muy habitual en la literatura y en la publicidad. Por ejemplo, en este precioso poema de Luis Cernuda “Me pesaba la vida como un remordimiento; quise arrojarla de mí”, o en el eslogan de una campaña de la Xunta para promocionar el pescado y el marisco gallego: “Galicia sabe amar”, (que es un calambur, por cierto).

Y no sé si os habéis fijado, pero podemos relacionar las funciones del lenguaje con los elementos que intervienen en la comunicación.

Esquema elementos comunicación y funciones

En resumen, utilizamos el lenguaje con distintas finalidades, por eso decimos que tiene varias funciones, (como las impresoras).

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