Homonimia

Las relaciones entre humanos son complicadas, ya lo sabéis: a veces discutimos, no nos entendemos… Pues las relaciones entre los significados de las palabras tampoco son fáciles, y debemos tener las ideas claras para evitar los malentendidos y los disgustos.

Ya hemos visto la polisemia, la sinonimia y la antonimia. Hoy veremos la homonimia, que es un poco liosa.

Son homónimas dos palabras diferentes, con distinto significado y  origen, pero que se pronuncian o se escriben igual. Por ejemplo, monitor.

Ejemplo monitor

Podemos tener un monitor en el gimnasio, (que nos hace sudar y nos manda cientos de sentadillas). Esta palabra viene del latín “monitor-oris”.

Podemos tener un monitor en casa, que forma parte de nuestro equipo informático, y esta palabra viene del inglés “monitor”.

Ya lo veis, en realidad son dos palabras distintas, con significados y origen diferentes, por eso en el diccionario aparecen en dos entradas.

Y tengo que deciros algo más, hay dos tipos de homónimos, pero eso os lo explicaré otro día.

Muros de teléfonos

Cuando un año acaba, tendemos a reflexionar sobre lo vivido en ese tiempo. Sentimos el deseo de echar un último vistazo al año que termina, antes de empezar el siguiente.  

Gif perro pensando

¿Y qué podríamos decir del 2020? ¡De todo!

Aunque aquí sólo voy a compartir una de las muchas reflexiones que hice, (igual que vosotros, imagino), durante el confinamiento: somos adictos a los móviles.

Allá por marzo, cuando tuvimos que quedarnos en casa y sólo podíamos salir para las gestiones esenciales, empecé a ver desde mi ventana que los afortunados que tenían perro y podían pasear con él no paraban de mirar su teléfono.

Me dejó impresionada. Estábamos confinados, obligados a pasar todo el día encerrados, y dedicábamos esos pocos minutos en que podíamos salir a mirar el móvil.

Hace tiempo que me fijo en esto: cuando voy en autobús nadie levanta los ojos hacia nadie, ni mira por la ventanilla, porque todos van pendientes de sus pantallas. Si salgo a caminar, veo gente que pasea con los ojos puestos en el teléfono todo el tiempo, incluso conduciendo algunos no pueden dejar de mirar su móvil.

El teléfono, por definición, es un medio de comunicación, no deberíamos transformarlo en un medio de incomunicación.

Debería servir para acercarnos a aquellos que están lejos, pero sin olvidar a los que tenemos delante. Debería ser una ventana a otros mundos, pero sin olvidar el mundo ante nuestros ojos. No deberíamos utilizarlo como un muro para separarnos. Y esto me lleva a un poema de KAVAFIS que me acompaña desde hace muchos años, “Murallas”:

Poema "Murallas"

Y vosotros, ¿qué reflexiones hicisteis durante el confinamiento?, ¿estáis de acuerdo conmigo en que los móviles pueden construir muros? ¡Cuéntamelo en un comentario o en el Facebook!

Oración subordinada sustantiva

Ya sé que para muchos de vosotros la sintaxis es como una enfermedad dolorosa y larga. Pero no debería ser así, mis aprendices.

Si le dedicáis un poquito de atención, si intentáis entenderla de verdad, si le ponéis un poco de cariño no debería ser tan desagradable.

Pero bueno, intentaré ir al grano, (o a la hierba del jardín, como veréis).

Empezamos con la siguiente oración simple:

Ejemplo oración simple

Vemos que hay un sintagma nominal, (cuyo núcleo es un sustantivo), haciendo la función de CD, es decir, el sintagma nominal hace el trabajo de CD.

Ahora vamos con una oración compuesta:

Oración compuesta

Vemos que también hay un CD, pero aquí el trabajo de CD lo realiza una oración subordinada sustantiva.

El trabajo es el mismo, ser CD, pero lo puede hacer un sintagma nominal o una oración subordinada sustantiva.

Voy con las comparaciones que tanto me gustan: si tengo que realizar el trabajo de cortar la hierba, puedo hacerlo con una hoz o con un cortacesped, son dos formas de hacer la misma tarea.

Pues bien, como ya habréis imaginado, el sintagma nominal es la hoz y la oración subordinada sustantiva es el cortacesped.

Por esta razón, el truco para reconocer una oración subordinada sustantiva es sustituirla por un sintagma nominal, o un pronombre, y ver que las oraciones resultantes son equivalentes.

Pedro quiere que yo compre unas manzanas.

Pedro quiere una cosa.

Pedro quiere eso.

Es decir, probamos a cambiar el cortacesped por la hoz, vemos que conseguimos cortar la hierba, y nos quedamos supersatisfechos con el trabajo bien hecho.

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Y si todavía tenéis energía para seguir segando, perdón, analizando oraciones, leed esta entrada sobre el análisis de la subordinada sustantiva de CD.

Interfijos y cojines

¡Volvemos a despedazar palabras!

Cuando separamos en trocitos un pobre sustantivo, descubrimos que tiene un lexema, y puede tener prefijos, sufijos o morfemas flexivos de género y número.

Pues bien, mis aprendices, también puede tener un interfijo, que es un pequeño elemento de enlace, (como un relleno), entre el lexema y el sufijo.

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Así, para que el lexema y el sufijo estén más cómodos, ponemos un cojín en el medio. Por ejemplo, en carnicero, el interfijo es -ic-.

Otros ejemplos de interfijos son:

Polv-ar-eda

Pan-ad-ero

Pedr-eg-al

Y como siempre, debemos razonar y comprobar lo que hacemos: pensamos en otras palabras con esos mismos lexemas y sufijos y vemos que el interfijo no aparece en ellas, y que es, efectivamente un cojín para poner en el medio.

Antonimia

Todos sabéis que los ántonimos son contrarios: frío-caliente, amor-odio… Pero lo que tal vez no tengáis tan claro es que hay tres tipos.

Antónimos graduales: como su nombre indica, admiten puntos intermedios. Por ejemplo, frío y calientes, porque existe el grado templado.

Antónimos complementarios: la existencia de uno, implica que el contrario no puede existir. Por ejemplo, vivo y muerto.

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Porque los no muertos, como los vampiros o los zombies, sólo existen en la literatura y en la pantalla, así que no los tendremos en cuenta.

Antónimos recíprocos: la existencia de uno, implica la existencia del otro. Por ejemplo, para que alguien sea padre, debe tener un hijo. Comprar y vender también son antónimos recíprocos.

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