Perífrasis verbales: ofertón de verbos

No os dejéis asustar por el nombre, es más fácil de lo que parece: una perífrasis verbal es un compuesto de dos verbos que funcionan como uno solo.

¿Y qué pinta tiene una perífrasis?

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Pues el primer verbo está en forma personal, es decir, en 1ª, 2ª o 3ª persona de cualquier tiempo. Y el segundo verbo está en infinitivo, gerundio o participio. En el medio puede haber un enlace, (o no…)

Os pongo unos ejemplos:

Mañana voy a repasar el examen toda la tarde. Me pondré a estudiar a las 4, y luego seguiré trabajando hasta la hora de cenar.

Además, debéis fijaros en que el primer verbo, (que es el auxiliar), pierde parte de su significado. Lo veréis mejor con otro ejemplo:

Tengo una bicicleta nueva: aquí tener es sinónimo de poseer, que es su significado habitual.

Tengo que ir al dentista: aquí tener es el auxiliar de la perífrasis, y su significado no tiene nada que ver con poseer, sino que los dos verbos juntos expresan la obligación de ir.

Así, veis que al unir los dos verbos aparece, (mágicamente), un significado nuevo de obligación.

En resumen y como truco para acordaros, las perífrasis verbales son el 2 en 1 de los verbos: compras uno, te llevas dos, y además te regalamos un plus de significado.

Homonimia

Las relaciones entre humanos son complicadas, ya lo sabéis: a veces discutimos, no nos entendemos… Pues las relaciones entre los significados de las palabras tampoco son fáciles, y debemos tener las ideas claras para evitar los malentendidos y los disgustos.

Ya hemos visto la polisemia, la sinonimia y la antonimia. Hoy veremos la homonimia, que es un poco liosa.

Son homónimas dos palabras diferentes, con distinto significado y  origen, pero que se pronuncian o se escriben igual. Por ejemplo, monitor.

Ejemplo monitor

Podemos tener un monitor en el gimnasio, (que nos hace sudar y nos manda cientos de sentadillas). Esta palabra viene del latín “monitor-oris”.

Podemos tener un monitor en casa, que forma parte de nuestro equipo informático, y esta palabra viene del inglés “monitor”.

Ya lo veis, en realidad son dos palabras distintas, con significados y origen diferentes, por eso en el diccionario aparecen en dos entradas.

Y tengo que deciros algo más, hay dos tipos de homónimos, pero eso os lo explicaré otro día.

Oración subordinada sustantiva

Ya sé que para muchos de vosotros la sintaxis es como una enfermedad dolorosa y larga. Pero no debería ser así, mis aprendices.

Si le dedicáis un poquito de atención, si intentáis entenderla de verdad, si le ponéis un poco de cariño no debería ser tan desagradable.

Pero bueno, intentaré ir al grano, (o a la hierba del jardín, como veréis).

Empezamos con la siguiente oración simple:

Ejemplo oración simple

Vemos que hay un sintagma nominal, (cuyo núcleo es un sustantivo), haciendo la función de CD, es decir, el sintagma nominal hace el trabajo de CD.

Ahora vamos con una oración compuesta:

Oración compuesta

Vemos que también hay un CD, pero aquí el trabajo de CD lo realiza una oración subordinada sustantiva.

El trabajo es el mismo, ser CD, pero lo puede hacer un sintagma nominal o una oración subordinada sustantiva.

Voy con las comparaciones que tanto me gustan: si tengo que realizar el trabajo de cortar la hierba, puedo hacerlo con una hoz o con un cortacesped, son dos formas de hacer la misma tarea.

Pues bien, como ya habréis imaginado, el sintagma nominal es la hoz y la oración subordinada sustantiva es el cortacesped.

Por esta razón, el truco para reconocer una oración subordinada sustantiva es sustituirla por un sintagma nominal, o un pronombre, y ver que las oraciones resultantes son equivalentes.

Pedro quiere que yo compre unas manzanas.

Pedro quiere una cosa.

Pedro quiere eso.

Es decir, probamos a cambiar el cortacesped por la hoz, vemos que conseguimos cortar la hierba, y nos quedamos supersatisfechos con el trabajo bien hecho.

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Y si todavía tenéis energía para seguir segando, perdón, analizando oraciones, leed esta entrada sobre el análisis de la subordinada sustantiva de CD.

Interfijos y cojines

¡Volvemos a despedazar palabras!

Cuando separamos en trocitos un pobre sustantivo, descubrimos que tiene un lexema, y puede tener prefijos, sufijos o morfemas flexivos de género y número.

Pues bien, mis aprendices, también puede tener un interfijo, que es un pequeño elemento de enlace, (como un relleno), entre el lexema y el sufijo.

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Así, para que el lexema y el sufijo estén más cómodos, ponemos un cojín en el medio. Por ejemplo, en carnicero, el interfijo es -ic-.

Otros ejemplos de interfijos son:

Polv-ar-eda

Pan-ad-ero

Pedr-eg-al

Y como siempre, debemos razonar y comprobar lo que hacemos: pensamos en otras palabras con esos mismos lexemas y sufijos y vemos que el interfijo no aparece en ellas, y que es, efectivamente un cojín para poner en el medio.

Antonimia

Todos sabéis que los ántonimos son contrarios: frío-caliente, amor-odio… Pero lo que tal vez no tengáis tan claro es que hay tres tipos.

Antónimos graduales: como su nombre indica, admiten puntos intermedios. Por ejemplo, frío y calientes, porque existe el grado templado.

Antónimos complementarios: la existencia de uno, implica que el contrario no puede existir. Por ejemplo, vivo y muerto.

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Porque los no muertos, como los vampiros o los zombies, sólo existen en la literatura y en la pantalla, así que no los tendremos en cuenta.

Antónimos recíprocos: la existencia de uno, implica la existencia del otro. Por ejemplo, para que alguien sea padre, debe tener un hijo. Comprar y vender también son antónimos recíprocos.

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